Posts Tagged ‘Reflexiones’

Tanto por comentar….

Author: Azael Cruz

My Character (1) ¡Después de estos días de descanso tengo demasiado que comentar! Muchas reflexiones, comentarios de estos días post electorales, reflexiones sobre la oración (o como la llamo yo: “Cultivo y abono del jardín interior”) y sobre todo ¡Muchas críticas de películas!

Tengo pendiente hablar de cintas como The Mist (Sobrenatural), Twilight (Crepúsculo), The name of the rose (El nombre de la Rosa) y Funny Games (Juegos sádicos). ¿Por qué me atrevo a hablar de películas? Pues no soy crítico versado en el séptimo arte, más bien estoy cercano al espectador promedio y peor aún, confieso de ser imparcial al anteponer mi visión (para muchos) moralista a cada cinta que veo, pero lo hago como una especie de catársis, además creo, que muchas cintas dicen más de lo que a simple vista se puede ver y me encanta analizar todos los distintos ángulos… también pienso que habrá locos que compartan mi particular punto de vista en este rubro.

Bueno, con paciencia que es mucho de lo que tengo pendiente hablar.

Bendiciones a todos.

Reflexiones desde la luz

Author: Azael Cruz

reflexion

Cuando estaba estudiando la preparatoria, un grupo de amigos y yo formamos lo que llamamos el Comité de Periodismo y Comunicación. Más adelante hablaré más a detalle sobre este comité por lo pronto solo les comento que una de las actividades que realizamos en la preparatoria fue crear una revista estudiantil que distribuíamos dentro de la institución. En esta revista (La cual llamamos “Imagen”) yo me encargaba de una pequeña sección que llamé “Reflexiones desde la luz” en donde hacía una recopilación de de frases y reflexiones que me parecían interesantes, algo muy similar a lo que normalmente publica mi esposa en su blog “Escuchando tu voz”.

Hoy, siguiendo esta buena tradición voy a compartirles unas cuantas sentencias interesantes:

” Si piensas que todo el mundo anda mal, no olvides que en el mundo te encuentras también Tú” (Gandhi)

“El Carnaval sería mucho más divertido si la gente, en vez de ponerse la máscara, se la quitara” (J. Rodari)

“El peor momento para un ateo es cuando quiere agradecer a alguien y no encuaentra a quién”

“El que te habla de las faltas de los demás, ese mismo con los demás habla de tus faltas”

“Si te enjuiciaran por ser cristiano ¿Habría motivos suficientes para condenarte?”

“Muy largo es el camino de la razón; muy breve el de la imaginación” (Séneca) (Dedicada con mucho cariño a la BBC, el Discovery Chanel y a Dan Brown)

“Un periodista preguntó a la Madre Teresa de Calcuta -¿Qué anda mal actualmente en la Iglesia Católica? Y la Madre Teresa le explicó – Usted y yo”

Bendiciones a todos


Unas palabras prestadas

Author: Azael Cruz

thomas merton

La adversidad nos desapega de las nimiedades en que nos consumimos y malgastamos la existencia. Por eso la adversidad nos da vida, y por eso la amamos, no por amor a la muerte, sino por amor a la vida.

Enséñame pues, a negar mi amor a las cosas que dispersan y envanecen – el deseo de ser leído y elogiado como escritor, de ser un profesor alabado por sus alumnos, o de vivir cómodamente en algún lugar hermoso y que lo ponga todo en Ti, donde arraigará y vivirá, en lugar de dispersarse estérlimente.

Palabras prestadas de Thomas Merton del libro “Diálogos con el silencio”


jesus_woman

En el Antiguo Testamento vemos como para los judíos de aquella época, el alma de una persona estaba contenida en la sangre. Por ello en repetidas ocasiones vemos la prohibición de tomar sangre ya sea de animales o de otro ser humano. Se consideraba com una profanación a la vida de otro pues decían, en la sangre está la vida, es decir, el alma de las personas. Esa prohibición la han adoptado aún nuestros hermanos Testigos de Jehova y por ello no permiten las transfusiones de sangre.

Una persona enferma además, para la mentalidad del judío de la época, era una persona maldita y su enfermedad era consecuencia de sus pecados o de los pecados de sus padres.

Con este panorama ¡imagínense cómo estaría la situación para una persona que sufría de constantes hemorragias! Era una persona excluída de la sociedad y que prácticamente se acercó a escondidas y muy probablemente casi disfrazada para llegar a donde estaba Jesús. Dice el evangelista que Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: “¿Quién me ha tocado la ropa?” Es allí donde la mujer tiene que dar la cara ante esta sociedad cruel y admitir públicamente que era ella quien se había atrevido a acercarse a Jesús. ¿Cuánto nos cuesta a nosotros admitir que seguimos a Jesús públicamente? ¿No será que por eso seguimos enfermos del alma?

Como lo mencioné en la reflexión anterior, Jesús no era un curandero; sanaba cuerpo y alma y por tanto dice a la mujer: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad.” En algunas traducciones dice “Hija, tu fe te ha sanado” sin embargo en la traducción más fiable, es decir la versión vulgata dice “” Filia, fides tua te salvam fecit” es decir: “Hija, tu fe te ha salvado”. Primero la sanación del alma y después del cuerpo.

Señor, dame valor para reconocerte y dar testimonio de tu amor sin importar en dónde o con quién me encuentre.


A6  RESURRECCION DE LA HIJA DE JAIRO

Hoy el Evangelio de San Marcos me invitó a diferentes reflexiones que quiero compartir. Paro para hablar de éstas primero lo cito textualmente:

Del Evangelio según San Marcos Capítulo 5, versos del 21 al 43

1 Jesús, entonces, atravesó el lago, y al volver a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a él.
22 En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró a sus pies
23 suplicándole: “Mi hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y siga viviendo.”
24 Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran gentío, que lo oprimía.
25 Se encontraba allí una mujer que padecía un derrame de sangre desde hacía doce años.
26 Había sufrido mucho en manos de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de mejorar, estaba cada vez peor.
27 Como había oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto.
28 La mujer pensaba: “Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa, sanaré.”
29 Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba sana.
30 Pero Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: “¿Quién me ha tocado la ropa?”
31 Sus discípulos le contestaron: “Ya ves cómo te oprime toda esta gente ¿y preguntas quién te tocó?”
32 Pero él seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado.
33 Entonces la mujer, que sabía muy bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se postró ante él y le contó toda la verdad.
34 Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad.”
35 Jesús estaba todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa del oficial de la sinagoga para informarle: “Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al Maestro?”
36 Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: “No tengas miedo, solamente ten fe.”
37 Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
38 Cuando llegaron a la casa del oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban.
39 Jesús entró y les dijo: “¿Por qué este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida.”
40 Y se burlaban de él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a los que venían con él, y entró donde estaba la niña.
41 Tomándola de la mano, dijo a la niña: “Talitá kumi”, que quiere decir: “Niña, te lo digo, ¡levántate!”
42 La jovencita se levantó al instante y empezó a caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más grande! Quedaron fuera de sí.
43 Pero Jesús les pidio insistentemente que no lo contaran a nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña.
21 Jesús, entonces, atravesó el lago, y al volver a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a él.
22 En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró a sus pies
23 suplicándole: “Mi hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y siga viviendo.”
24 Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran gentío, que lo oprimía.
25 Se encontraba allí una mujer que padecía un derrame de sangre desde hacía doce años.
26 Había sufrido mucho en manos de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de mejorar, estaba cada vez peor.
27 Como había oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto.
28 La mujer pensaba: “Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa, sanaré.”
29 Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba sana.
30 Pero Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: “¿Quién me ha tocado la ropa?”
31 Sus discípulos le contestaron: “Ya ves cómo te oprime toda esta gente ¿y preguntas quién te tocó?”
32 Pero él seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado.
33 Entonces la mujer, que sabía muy bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se postró ante él y le contó toda la verdad.
34 Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad.”
35 Jesús estaba todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa del oficial de la sinagoga para informarle: “Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al Maestro?”
36 Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: “No tengas miedo, solamente ten fe.”
37 Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
38 Cuando llegaron a la casa del oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban.
39 Jesús entró y les dijo: “¿Por qué este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida.”
40 Y se burlaban de él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a los que venían con él, y entró donde estaba la niña.
41 Tomándola de la mano, dijo a la niña: “Talitá kumi”, que quiere decir: “Niña, te lo digo, ¡levántate!”
42 La jovencita se levantó al instante y empezó a caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más grande! Quedaron fuera de sí.
43 Pero Jesús les pidio insistentemente que no lo contaran a nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña.

Palabra del Señor.
Lo primero que noto al contemplar holísticamente este pasaje es que se trata aquí de dos sanaciones milagrosas de Jesús. La primera a una mujer que sufría de fuertes hemorragias desde hacía muchos años y la segunda de una niña de 12 años.
La primera cuestión que me pregunto al ver a Jesús actuando prodigiosamente en la salud de estas personas es: ¿Podemos decir que Jesús era un curandero? ¿Lo verían como un curandero sus contemporáneos?
Partamos de nuestra definición de curandero: “Aquel que ejerce la medicina sin ser médico” yo le añadiría además que sus métodos están relacionados generalmente con elementos mágicos.
Ciertamente desde la antigüedad han existido personas que sin conocimientos científicos practican la medicina relacionando sus curaciones con elementos más bien mágicos y en tiempos de Jesús ya era una práctica muy difundida entre los paganos ciertos rituales curativos que no se veían bien por parte de las autoridades judías. Sin embargo las curaciones de Jesús nunca se relacionaron con elementos mágicos. Par entender mejor esto debemos distinguir entre magia y religión. En otro post hablaré del tema de un modo más extenso, por lo pronto les diré que como punto distintivo entre religión y magia es que no tienen nada en común. Mientras la religión consiste en una serie de actitudes, reglas y estilo de vida que me re-ligan con la divinidad en la que creo, la magia busca sacar un beneficio personal de fuerzas superiores generalmente de origen dudoso u obscuro.
Jesús, ciertamente no era un curandero y aunque en ocasiones sus contemporáneos parecían confundirlo con uno Él siempre se encargaba de dejar en claro las cosas. Cada vez que Jesús curaba alguna enfermedad se encargaba también de sanar el alma. Al sanar al paralítico, al dar vista al ciego o hacer cualquier otra curación Él se encargaba de liberar al enfermo de la carga de sus pecados al momento que sanaba el cuerpo. Jesús era más bien un sanador, o como dicen algunos, un médico de cuerpos y almas.
Su ministerio sanador se extiende a través de los sacerdotes y de los médicos.
El sacerdote tiene la misión de sanar a todos aquellos cuya alma se encuentra herida.
Los médicos, como profesionales de la medicina buscan devolver la salud a los enfermos y ¿Por qué no? con su compromiso de servicio, también su fe.
Una bendición a todos los que extienden este ministerio sanador de Jesús en servicio de todos.
Bendiciones a los sacerdotes y bendiciones a los médicos.
Dedico con especial afecto este post a mis amigos Sara y Juan Carlos que como médicos ejercen su vocación con verdadera entrega todos los días.