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capilla

Como les decía en el episodio anterior, me dijeron que uno se despertaba con el toque de las campanas como a eso de las 6:00 a.m. y que teníamos solamente 15 minutos para ya estar bañados y en la capilla. Yo temía no levantarme con la dichosa campana… qué equivocado estaba.

La verdad es que esa campana ¡levantaba hasta a los muertos! ¡Apenas comenzó a sonar y uno ya estaba como gato pegado al techo solo de las uñas por tremendo susto! Bueno, creo que exageré un poco. El punto es que te metías a bañar sin cuestionarte la temperatura del agua y uno se vestía lo más rápido posible.

Los frailes no se pueden quejar de mí, ya que nunca llegué tarde a la capilla. La capilla era hermosa, austera pero hermosa. De hecho, su belleza radicaba precisamente en su sencillez.

Como pueden apreciar en la fotografía, en la pared dos cosas resaltaban: El Cristo de San Damián y el Santísimo sacramento.

El Cristo de San Damián es el Cristo de los franciscanos y tiene su historia y significado bastante interesantes; es además mi ícono religioso favorito. De hecho por eso lo tengo en el oratorio de la casa.

El sagrario que contenía a Jesús Sacramentado era de madera e iba acorde con la sencillez de todo el espacio. Las ventanas eran translúcidas y brindaban un ambiente agradable para el recogimiento y la oración.

Una vez que daban las 6:15 iniciábamos con el rezo del Oficio Divino para tener al terminar un momento de reflexión con los frailes y el ofrecimiento de las obras del día. Posteriormente pasaríamos al comedor.

Era una linda manera de comenzar el día. He tratado de imitar algo de ello pero creo que aún me falta mucha disciplina.

Bendiciones a todos.

Convento capuchino

Les platicaba en la parte II Me asignaron mi cuarto y mientras yo tendía la cama un joven que allí se formaba ya como fraile me preguntó por qué quería ser religioso a lo que yo respondí: “quiero darle una esperanza al mundo” y así era como siempre lo concebí. Quería mostrarle al mundo que se podía vivir feliz renunciando a las ataduras del poder, el placer y el dinero. Por eso quería tomar los votos de pobreza, castidad y obediencia.

También le dije que (more…)

Cuarto de casa de formación

Les platicaba en un post anterior, cómo a los 21 años tuve la inquietud de seguir la vida religiosa como franciscano y que llevé un proceso vocacional con los hermanos menores capuchinos, una de las ramas más importantes de la orden franciscana. Desgraciadamente no fui tan cuidadoso como con mis recuerdos de preparatoria y sobre mi experiencia con los capuchinos no escribí una bitácora, por lo que he olvidado muchas cosas y sobre todo nombres. La experiencia la viví en Puebla en una casa de formación y sería durante una semana (la Semana Santa). Era mi primer viaje sólo así que para mí el vivir esta experiencia era algo especial en muchos sentidos.

Cuando llegué a Puebla llamé de un teléfono que se encontraba en la central de autobuses a la casa de formación en donde estaría y pedí hablar con Fray José Luis (mi tutor vocacional) quien me dijo que llegaría en una hora aproximadamente a recogerme ahí en la central de autobuses.

Fray José Luis llegó por mí como me lo había dicho y me llevó en taxi hasta la casa de formación que se encontraba hasta el otro extremo de la ciudad. Esperaba algo que pareciera más un monasterio pero para mi sorpresa la casa por fuera se veía como una casa normal excepto por una campana que servía de timbre.

Ingresamos a la casa de formación en donde conocí a unos cuantos frailes más y algunos de los jóvenes que ya estaban en formación para ser franciscanos. Todos fueron muy amables y me preguntaban cómo había decidido estar ahí. Me mostraron lo que sería mi cuarto durante toda esa semana. La fotografía que incluí en este post es precisamente de mi cuarto. Como verán es bastante austero. Y era más austero por que ¡no me avisaron que debía llevar mi almohada y mis cobijas! así que dormiría con mucho frío los siguientes días y sin almohada.

Había un pequeño escritorio en mi cuarto y en él una lámpara en donde me había dejado un recado el joven que normalmente dormía en ese cuarto y que se encontraba de misiones. El recado decía así: “Hermano, Paz y bien. Favor de darle agua todos los días a las hermanas plantas que se encuentran en la ventana.” Desde luego, siempre regué las plantas.


Fray José Luis

Tal vez algunos si lo sepan, otros quizás no, pero cuando yo tenía 21 años tuve una inquietud vocacional por la vida religiosa. Sentí en mi interior que tal vez Cristo me llamaba a una vida dentro de la orden franciscana de los hermanos menores capuchinos.

Ayer me topé con un video en Youtube con fotografías de la casa de formación en donde yo estuve llevando mi proceso vocacional en Puebla. Muchos de los lugares y escenarios de este video fueron el marco de esta bella experiencia. La oportunidad de vivir unos días en esta casa de formación fue única y todo lo allí aprendido lo guardo muy cerca de mi corazón. Hablaré en otros posts sobre mi experiencia franciscana. Hoy, les comparto el video.

Dios los guarde