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El pasado domingo 1 de agosto de 2010 la celebración eucarística me dió material para tres reflexiones. Una de ellas fue respecto a las palabras del Evangelio de Lucas 12, 13 – 21. Dice la Palabra que a Jesús estando entre la multitud se le acercó un hombre que le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Pero Jesús le contestó: “Amigo, ¿Quén me ha puesto como juez en la distribución de herencias?” Esta última frase me hizo pensar inevitablemente en la tan criticada “Teología de la liberación” y en las voces que constantemente buscan ponerle religión a los sitemas económicos dominantes al terminar la Segunda Guerra Mundial.

Muchos ven en el Nuevo testamento y en los Hechos de los apóstoles reflejo de los ideales que persigue el comunismo. Ya el Papa Juan Pablo II en su momento había criticado esta postura de algunos sacderdotes, en especial de centro y Sur América. Y no es el punto discutir cuál sistema económico es el mejor sino que, estas posturas obedecen a una completa distorción de Cristo y su verdadero mensaje.

Al decir Jesús: “Amigo, ¿Quén me ha puesto como juez en la distribución de herencias?” me sonó como si dijera: ¿Por qué me quieren poner la camiseta de comunista o de capitalista? O tal vez ¿No ven que mi misión y mi mensaje tiene más trascendencia que la distribución de bienes? ¿No pueden resolver este punto ustedes solos? ¿Por que pedimos a Dios que distribuya mejor los bienes? ¿No hay acaso cosas más trascendentes de las cuales hablar con Dios?

Sobre el dinero y los bienes materiales Jesús es muy claro: “No andeis preocupados diciendo ¿Qué vamos a comer? ¿Qué vamos a beber? ¿Con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los que no conocen a Dios; Pues ya sabe vuestro Padre celestial que teneis necesidad de todo eso. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y toda esas cosas se os darán por añadidura.” (Mt 5, 31- 33)

Respecto a la distribución de los bienes en los Hechos de los apóstoles se ve cómo la única regla para esto era el amor (He 2, 44-46). No se habla de cantidades, solamente se dice que si alguien padece necesidad no hay que abandonarlo, hay que poner nuestros bienes a disposición de la comunidad, sin atesorar, sin acumular en vano. (Lc 12, 21-31)

No me afane Señor demasiado por los bienes y comodidades terrenos. No me estorbe lo que has tenido bien a darme en mi camino hacia tí. No me des mas que aquello que me ayude en mi camino a la santidad.

jesus

La parte medular de este pasaje es cuando Jesús menciona que “Nadie es profeta en su tierra” y nos encontramos que esta expresión no está nada alejada de la realidad.
Nuestra familia, cuando no es muy religiosa es el terreno más difícil de evangelizar. Apenas comienzas a hablar de Jesús y te comienzan a callar alegando que tu no ere tan bueno como para hablar de religión o moral y te comienzan a sacar tus “trapitos sucios”.

Aunque quizá nosotros somos los que hemos perseguido a algún miembro de nuestra familia.
Señor permite que te encuentre en los miembros de mi familia y a predicar y vivir tu amor con ellos sin importar las críticas que pueda recibir por ello.

jesus

Es una objeción tan cansina que ya los evangélicos ni la usan. Eso de atacar la virginidad de María con los dichosos “hermanos de Jesús” está hasta pasado de moda.
Aún así dedicaré unas palabras al asunto.
Primero: Los judíos constituían una sociedad patriarcal y por tanto el “papá” siempre era el mayor de la familia fuera abuelo, tatarabuelo o padre. Por tanto todos fuera del “Papá” se llamaban entre sí “Hermanos”.
Un ejemplo de ello es el caso de Abraham, tío de Lot (Génesis 11, 27) quien le dice a Lot que los dos son “hermanos” (Génesis capítulo 13, verso 8 )
La palabra utilizada en hebreo y arameo para esta expresión es “ah, ahót” que designaba a los descendientes de la misma familia.
También se utilizaba el término traducido para nosotros “hermano” a los miembros de una misma comunidad.
Un ejemplo de ello se ve en Hechos capítulo 1 verso 15: “Uno de aquellos días, Pedro se puso de pie en medio de sus hermanos que eran alrededor de ciento veinte”
¿Ciento veinte? ¿Todos los hermanos eran hijos de la misma madre?

Segundo: Ya vimos que la palabra hermano no es utilizada por los judíos de la época como nosotros la usamos. ¿Cómo designaban entonces a los hijos carnales? Cuando se quería especificar se decía “Fulanito hijo de sotanito” como en el evangelio de este domingo que dice: que Jesús es el hijo de María y nunca en la Biblia se le denomina a otro “Hijo de María”
Cuando Jesús fue con sus padres a Jerusalén a los 12 años (Lucas 2, 41) no menciona que tuviera otro hermano.
En las bodas de Caná (Juan 2, 1) se menciona a María como la madre de Jesús ¿Por qué no se menciona como madre de otros?
Era una desgracia que una mujer se quedara sin esposo y sin hijos. Si María hubiese tenido otros hijos carnales no hubiera sido necesario que Jesús al momento de su crucifixión la confiara a Juan, su discípulo quien sabemos era hijo de Zebedeo.
Tercero: Vayamos al evangelio de éste domingo 5 de julio. Aquí se mencionan 4 “hermanos de Jesús”: Santiago, José, Judas y Simón. Pese a lo confuso que esto pueda parecer, la misma Biblia nos dice de quién son hijos Santiago, José, Judas y Simón aquí mencionados.
Santiago y José: Unas mujeres miraban desde lejos… entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y José y la madre de los Zebedeos (Mateo 27, 56, Marcos 15, 47)
En Mateo 10, del 1 al 4 se aclara que los hijos de Zebedeo son Santiago el mayor y Juan, mientras Santiago el menor y José son Hijos de Cleofás y por lo tanto su madre María no es la madre de Jesús sino otra María.
Afianzando esto está Juan 19, 25: “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, La hermana de su madre, María mujer de Cleofás y María Magdalena”.
Aquí se mencionó a una María que es prima (hermana) de la madre de Jesús, esposa de Cleofás y madre de Santiago el menor y José.
Por lo tanto, en nuestra manera de expresarnos, Santiago y José vendrían siendo primos de Jesús.
Judas y Simón: El Padre Flaviano Amatulli hace una mención al respecto en su libro “Diálogo con los protestantes”:
“Judas y Simón en todas las listas son mencionados con los nombres de sus padres y hasta con sus apodos. En ninguna parte se dice que su padre fuera José, el esposo de María, la madre de Jesús. (Ver Mateo 10, 1-4; Marcos 3, 13-19; Lucas 6, 13 – 16) Se habla siempre de” Judas Tadeo, hermano de Santiago” y de “Simón el Cananeo, apodado el Zelote”.
Es importante notar cómo los apóstoles Santiago el menor y Judas Tadeo, parientes entre ellos, se consideran “servidores de Jesús” (Santiago 1, 1 y Judas 1,1) Si hubieran sido hermanos carnales de Jesús seguramente hubieran hecho alguna referencia al respecto.
Cuarto: La tradición apostólica y la enseñanza de la Iglesia
La Iglesia siempre ha enseñado que María no tuvo otros hijos carnales. Algunos dirán ¿Qué tiene de malo que María hubiera tenido más hijos? No, no hubiera tenido nada de malo, simplemente es algo que no sucedió.


Jesus_hija_jairo

Otro dato curioso que no había notado en este pasaje hasta el día de hoy es el hecho de que habla de dos sanaciones: La de la hija de Jairo, una niña de 12 años y la de una mujer que sufría de hemorragias desde hacía 12 años. ¿Lo notaron? Una niña de 12 años muriendo y una mujer que tenía 12 años sufriendo. 12 y 12. Cuando se mencionan números en los evangelios generalmente llevan un significado o una enseñanza más en el mismo número. Esto que menciono nunca lo he escuchado a ningún exégeta ni sacerdote ni lo he leído en nigún documento eclesiástico por lo que puedo estar equivocado, pero tal vez estos números se mencionan con algún propósito. Creo que hacen relación primero a las 12 tribus de Israel y a los 12 apóstoles, es decir, a quienes vivían bajo la antigua alianza y quienes viven ahora bajo la nueva alianza sellada con la sangre de Cristo. La niña podría representar a la antigua alianza, agonizantes y con falta de madurez a la que Jesús da nueva vida y le dice “levántate” y la mujer madura representa a la nueva alianza, madura, sufriente pero que reconoce a Cristo y se atreve a ir en su búsqueda en la adversidad. Es decir, bajo esta interpretación que puede ser muy personal, Jesús sana a la antigua alianza y también nos sana a nosotros quienes vivimos en la nueva alianza, tal vez sangrando y vacilantes pero debemos ser firmes en la fe.

Jesús nos renueva, es decir nos da nueva vida y sólo hay que reconocer que necesitamos ser sanados

Danos Señor, valentía para seguirte y docilidad para dejarnos sanar por tí.


jesus_woman

En el Antiguo Testamento vemos como para los judíos de aquella época, el alma de una persona estaba contenida en la sangre. Por ello en repetidas ocasiones vemos la prohibición de tomar sangre ya sea de animales o de otro ser humano. Se consideraba com una profanación a la vida de otro pues decían, en la sangre está la vida, es decir, el alma de las personas. Esa prohibición la han adoptado aún nuestros hermanos Testigos de Jehova y por ello no permiten las transfusiones de sangre.

Una persona enferma además, para la mentalidad del judío de la época, era una persona maldita y su enfermedad era consecuencia de sus pecados o de los pecados de sus padres.

Con este panorama ¡imagínense cómo estaría la situación para una persona que sufría de constantes hemorragias! Era una persona excluída de la sociedad y que prácticamente se acercó a escondidas y muy probablemente casi disfrazada para llegar a donde estaba Jesús. Dice el evangelista que Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: “¿Quién me ha tocado la ropa?” Es allí donde la mujer tiene que dar la cara ante esta sociedad cruel y admitir públicamente que era ella quien se había atrevido a acercarse a Jesús. ¿Cuánto nos cuesta a nosotros admitir que seguimos a Jesús públicamente? ¿No será que por eso seguimos enfermos del alma?

Como lo mencioné en la reflexión anterior, Jesús no era un curandero; sanaba cuerpo y alma y por tanto dice a la mujer: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad.” En algunas traducciones dice “Hija, tu fe te ha sanado” sin embargo en la traducción más fiable, es decir la versión vulgata dice “” Filia, fides tua te salvam fecit” es decir: “Hija, tu fe te ha salvado”. Primero la sanación del alma y después del cuerpo.

Señor, dame valor para reconocerte y dar testimonio de tu amor sin importar en dónde o con quién me encuentre.


A6  RESURRECCION DE LA HIJA DE JAIRO

Hoy el Evangelio de San Marcos me invitó a diferentes reflexiones que quiero compartir. Paro para hablar de éstas primero lo cito textualmente:

Del Evangelio según San Marcos Capítulo 5, versos del 21 al 43

1 Jesús, entonces, atravesó el lago, y al volver a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a él.
22 En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró a sus pies
23 suplicándole: “Mi hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y siga viviendo.”
24 Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran gentío, que lo oprimía.
25 Se encontraba allí una mujer que padecía un derrame de sangre desde hacía doce años.
26 Había sufrido mucho en manos de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de mejorar, estaba cada vez peor.
27 Como había oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto.
28 La mujer pensaba: “Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa, sanaré.”
29 Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba sana.
30 Pero Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: “¿Quién me ha tocado la ropa?”
31 Sus discípulos le contestaron: “Ya ves cómo te oprime toda esta gente ¿y preguntas quién te tocó?”
32 Pero él seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado.
33 Entonces la mujer, que sabía muy bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se postró ante él y le contó toda la verdad.
34 Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad.”
35 Jesús estaba todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa del oficial de la sinagoga para informarle: “Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al Maestro?”
36 Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: “No tengas miedo, solamente ten fe.”
37 Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
38 Cuando llegaron a la casa del oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban.
39 Jesús entró y les dijo: “¿Por qué este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida.”
40 Y se burlaban de él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a los que venían con él, y entró donde estaba la niña.
41 Tomándola de la mano, dijo a la niña: “Talitá kumi”, que quiere decir: “Niña, te lo digo, ¡levántate!”
42 La jovencita se levantó al instante y empezó a caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más grande! Quedaron fuera de sí.
43 Pero Jesús les pidio insistentemente que no lo contaran a nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña.
21 Jesús, entonces, atravesó el lago, y al volver a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a él.
22 En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró a sus pies
23 suplicándole: “Mi hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y siga viviendo.”
24 Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran gentío, que lo oprimía.
25 Se encontraba allí una mujer que padecía un derrame de sangre desde hacía doce años.
26 Había sufrido mucho en manos de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de mejorar, estaba cada vez peor.
27 Como había oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto.
28 La mujer pensaba: “Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa, sanaré.”
29 Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba sana.
30 Pero Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: “¿Quién me ha tocado la ropa?”
31 Sus discípulos le contestaron: “Ya ves cómo te oprime toda esta gente ¿y preguntas quién te tocó?”
32 Pero él seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado.
33 Entonces la mujer, que sabía muy bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se postró ante él y le contó toda la verdad.
34 Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad.”
35 Jesús estaba todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa del oficial de la sinagoga para informarle: “Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al Maestro?”
36 Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: “No tengas miedo, solamente ten fe.”
37 Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
38 Cuando llegaron a la casa del oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban.
39 Jesús entró y les dijo: “¿Por qué este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida.”
40 Y se burlaban de él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a los que venían con él, y entró donde estaba la niña.
41 Tomándola de la mano, dijo a la niña: “Talitá kumi”, que quiere decir: “Niña, te lo digo, ¡levántate!”
42 La jovencita se levantó al instante y empezó a caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más grande! Quedaron fuera de sí.
43 Pero Jesús les pidio insistentemente que no lo contaran a nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña.

Palabra del Señor.
Lo primero que noto al contemplar holísticamente este pasaje es que se trata aquí de dos sanaciones milagrosas de Jesús. La primera a una mujer que sufría de fuertes hemorragias desde hacía muchos años y la segunda de una niña de 12 años.
La primera cuestión que me pregunto al ver a Jesús actuando prodigiosamente en la salud de estas personas es: ¿Podemos decir que Jesús era un curandero? ¿Lo verían como un curandero sus contemporáneos?
Partamos de nuestra definición de curandero: “Aquel que ejerce la medicina sin ser médico” yo le añadiría además que sus métodos están relacionados generalmente con elementos mágicos.
Ciertamente desde la antigüedad han existido personas que sin conocimientos científicos practican la medicina relacionando sus curaciones con elementos más bien mágicos y en tiempos de Jesús ya era una práctica muy difundida entre los paganos ciertos rituales curativos que no se veían bien por parte de las autoridades judías. Sin embargo las curaciones de Jesús nunca se relacionaron con elementos mágicos. Par entender mejor esto debemos distinguir entre magia y religión. En otro post hablaré del tema de un modo más extenso, por lo pronto les diré que como punto distintivo entre religión y magia es que no tienen nada en común. Mientras la religión consiste en una serie de actitudes, reglas y estilo de vida que me re-ligan con la divinidad en la que creo, la magia busca sacar un beneficio personal de fuerzas superiores generalmente de origen dudoso u obscuro.
Jesús, ciertamente no era un curandero y aunque en ocasiones sus contemporáneos parecían confundirlo con uno Él siempre se encargaba de dejar en claro las cosas. Cada vez que Jesús curaba alguna enfermedad se encargaba también de sanar el alma. Al sanar al paralítico, al dar vista al ciego o hacer cualquier otra curación Él se encargaba de liberar al enfermo de la carga de sus pecados al momento que sanaba el cuerpo. Jesús era más bien un sanador, o como dicen algunos, un médico de cuerpos y almas.
Su ministerio sanador se extiende a través de los sacerdotes y de los médicos.
El sacerdote tiene la misión de sanar a todos aquellos cuya alma se encuentra herida.
Los médicos, como profesionales de la medicina buscan devolver la salud a los enfermos y ¿Por qué no? con su compromiso de servicio, también su fe.
Una bendición a todos los que extienden este ministerio sanador de Jesús en servicio de todos.
Bendiciones a los sacerdotes y bendiciones a los médicos.
Dedico con especial afecto este post a mis amigos Sara y Juan Carlos que como médicos ejercen su vocación con verdadera entrega todos los días.