Jun
28
2009
Evangelio del 28 de Junio de 2009: 1ra Reflexión. ¿Jesús curandero?
Author: Azael CruzHoy el Evangelio de San Marcos me invitó a diferentes reflexiones que quiero compartir. Paro para hablar de éstas primero lo cito textualmente:
Del Evangelio según San Marcos Capítulo 5, versos del 21 al 43
1 Jesús, entonces, atravesó el lago, y al volver a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a él.
22 En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró a sus pies
23 suplicándole: “Mi hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y siga viviendo.”
24 Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran gentío, que lo oprimía.
25 Se encontraba allí una mujer que padecía un derrame de sangre desde hacía doce años.
26 Había sufrido mucho en manos de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de mejorar, estaba cada vez peor.
27 Como había oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto.
28 La mujer pensaba: “Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa, sanaré.”
29 Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba sana.
30 Pero Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: “¿Quién me ha tocado la ropa?”
31 Sus discípulos le contestaron: “Ya ves cómo te oprime toda esta gente ¿y preguntas quién te tocó?”
32 Pero él seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado.
33 Entonces la mujer, que sabía muy bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se postró ante él y le contó toda la verdad.
34 Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad.”
35 Jesús estaba todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa del oficial de la sinagoga para informarle: “Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al Maestro?”
36 Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: “No tengas miedo, solamente ten fe.”
37 Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
38 Cuando llegaron a la casa del oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban.
39 Jesús entró y les dijo: “¿Por qué este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida.”
40 Y se burlaban de él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a los que venían con él, y entró donde estaba la niña.
41 Tomándola de la mano, dijo a la niña: “Talitá kumi”, que quiere decir: “Niña, te lo digo, ¡levántate!”
42 La jovencita se levantó al instante y empezó a caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más grande! Quedaron fuera de sí.
43 Pero Jesús les pidio insistentemente que no lo contaran a nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña.
21 Jesús, entonces, atravesó el lago, y al volver a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a él.
22 En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró a sus pies
23 suplicándole: “Mi hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y siga viviendo.”
24 Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran gentío, que lo oprimía.
25 Se encontraba allí una mujer que padecía un derrame de sangre desde hacía doce años.
26 Había sufrido mucho en manos de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de mejorar, estaba cada vez peor.
27 Como había oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto.
28 La mujer pensaba: “Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa, sanaré.”
29 Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba sana.
30 Pero Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: “¿Quién me ha tocado la ropa?”
31 Sus discípulos le contestaron: “Ya ves cómo te oprime toda esta gente ¿y preguntas quién te tocó?”
32 Pero él seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado.
33 Entonces la mujer, que sabía muy bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se postró ante él y le contó toda la verdad.
34 Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad.”
35 Jesús estaba todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa del oficial de la sinagoga para informarle: “Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al Maestro?”
36 Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: “No tengas miedo, solamente ten fe.”
37 Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
38 Cuando llegaron a la casa del oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban.
39 Jesús entró y les dijo: “¿Por qué este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida.”
40 Y se burlaban de él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a los que venían con él, y entró donde estaba la niña.
41 Tomándola de la mano, dijo a la niña: “Talitá kumi”, que quiere decir: “Niña, te lo digo, ¡levántate!”
42 La jovencita se levantó al instante y empezó a caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más grande! Quedaron fuera de sí.
43 Pero Jesús les pidio insistentemente que no lo contaran a nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña.
Palabra del Señor.
Lo primero que noto al contemplar holísticamente este pasaje es que se trata aquí de dos sanaciones milagrosas de Jesús. La primera a una mujer que sufría de fuertes hemorragias desde hacía muchos años y la segunda de una niña de 12 años.
La primera cuestión que me pregunto al ver a Jesús actuando prodigiosamente en la salud de estas personas es: ¿Podemos decir que Jesús era un curandero? ¿Lo verían como un curandero sus contemporáneos?
Partamos de nuestra definición de curandero: “Aquel que ejerce la medicina sin ser médico” yo le añadiría además que sus métodos están relacionados generalmente con elementos mágicos.
Ciertamente desde la antigüedad han existido personas que sin conocimientos científicos practican la medicina relacionando sus curaciones con elementos más bien mágicos y en tiempos de Jesús ya era una práctica muy difundida entre los paganos ciertos rituales curativos que no se veían bien por parte de las autoridades judías. Sin embargo las curaciones de Jesús nunca se relacionaron con elementos mágicos. Par entender mejor esto debemos distinguir entre magia y religión. En otro post hablaré del tema de un modo más extenso, por lo pronto les diré que como punto distintivo entre religión y magia es que no tienen nada en común. Mientras la religión consiste en una serie de actitudes, reglas y estilo de vida que me re-ligan con la divinidad en la que creo, la magia busca sacar un beneficio personal de fuerzas superiores generalmente de origen dudoso u obscuro.
Jesús, ciertamente no era un curandero y aunque en ocasiones sus contemporáneos parecían confundirlo con uno Él siempre se encargaba de dejar en claro las cosas. Cada vez que Jesús curaba alguna enfermedad se encargaba también de sanar el alma. Al sanar al paralítico, al dar vista al ciego o hacer cualquier otra curación Él se encargaba de liberar al enfermo de la carga de sus pecados al momento que sanaba el cuerpo. Jesús era más bien un sanador, o como dicen algunos, un médico de cuerpos y almas.
Su ministerio sanador se extiende a través de los sacerdotes y de los médicos.
El sacerdote tiene la misión de sanar a todos aquellos cuya alma se encuentra herida.
Los médicos, como profesionales de la medicina buscan devolver la salud a los enfermos y ¿Por qué no? con su compromiso de servicio, también su fe.
Una bendición a todos los que extienden este ministerio sanador de Jesús en servicio de todos.
Bendiciones a los sacerdotes y bendiciones a los médicos.
Dedico con especial afecto este post a mis amigos Sara y Juan Carlos que como médicos ejercen su vocación con verdadera entrega todos los días.
