
El evangelio de este domingo 16 de agosto de 2009 (XX domingo del tiempo ordinario) continúa con el discurso de Jesús sobre el Pan de Vida y es esta una de mis partes favoritas de este discurso. Es tomado de San Juan Capítulo 6, versos del 51 al 58. Lo transcribo a continuación:
51 Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.”
52 Los judíos discutían entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer carne?”
53 Jesús les dijo: “En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes.
54 El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día.
55 Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
56 El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
57 Como el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí.
58 Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que comieron y después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre.
Este pasaje es hermoso, pero difícil de creer para nosotros como fue difícil de creer y de entender para la gente de aquel tiempo.
Los cristianos desde sus comunidades primitivas celebraban la “fracción del pan” lo que ahora conocemos como “Misa”. “Misa” viene de “Misión” ya que las celebraciones las terminaba diciendo el sacerdote a la asamblea: “Ite misa est” (algo así como “Vayan esta es su misión” invitando a la asamblea a cumplir con lo meditado en la palabra y en la celebración en general) Pero todos sabemos que la parte central de lo que ahora conocemos como misa es la comunión, es decir la fracción del pan.
Jesús, resucitado se aparece a los discípulos de Emaús y justamente lo reconocen al partir el pan. Leemos cómo desde los hechos de los apóstoles en delante se comenta reiteradamente que los discípulos de Jesús se reunían para la fracción del pan y San Pablo también comenta que el que se acerca de manera impura a la fracción del pan peca contra la carne y sangre de Cristo. La fracción del Pan era pues, el centro de su culto, el centro del ser y quehacer cristiano.
En aquel tiempo sonaba a canibalismo tal vez el discurso de Jesús, pues Jesús en esta ocasión no hablaba en parábolas ni con alegoría alguna, hablaba categóricamente es decir, lo que decía lo decía de manera literal tan y tan literal lo entendieron los judíos que comentaban horrorizados “¿Cómo puede éste darnos a comer carne?” Jesús, cuando no entendían algo decía cosas como “El que tenga oídos para oír, que oiga” o “¿Qué no entienden lo que digo” y explicaba aparte a sus discípulos, pero en este caso no es así, y no lo hizo por que en esta ocasión hablaba así, directo, categórico.
Si se dan cuenta, de los 8 versículos que componen la lectura del evangelio de este domingo en 7 (sí, siete veces) Jesús reitera que el que coma de ese pan (que es Él) tendrá vida eterna. Jesús fue insistente en su punto (el próximo domingo veremos cuáles serán las consecuencias de hablar tan categóricamente sobre el tema) y esta manera de hablar era escandalosa tanto para la gente de su tiempo como para nosotros.
Pensar que en cada consagración el pan (pequeña ostia) que eleva el sacerdote se convierte en el cuerpo de Cristo pues… tal vez en la Edad Media pero para nosotros, con tanta ciencia y computadoras… pues nos parece difícil… y que al probarla sepa igual que una ostia sin consagrar… y que me sienta igual… si. difícil de creer. Por eso muchos cristianos (de esos que hacen un dios a su medida) prefieren creer que lo que quiso decir Jesús fue de manera metafórica, algo así como si Jesús hubiera dicho: “Cuando coman de este pan hagan de cuenta que es mi cuerpo” y desgraciadamente para nuestra mente racional y analítica no fue así.
Jesús fue categórico: ” Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida” más claro ni el agua.
Pero esta claridad representa grandes retos para el hombre de este siglo. Significa arriesgarnos a salir de nuestra mentalidad racional y desafiar todo concepto científico para aceptar esto como un milagro continuo fuera de todas nuestras mediciones y seguridades, fuera del alcance de nuestra ciencia, fuera del alcance de nuestros conceptos y entendimientos. Nos pide que creamos en lo intangible, lo inconmensurable… nos pide que sólo confiemos en su palabra.
Es difícil. Pero si parto en que creo en Dios, que Jesús es el hijo de Dios, que Jesús mismo es Dios y que todo lo que dijo ha sido verdad ¿Por que he de rechazar esta verdad? ¿Por que no la entiendo? ¿Por qué para aceptar algo insisto en que mi intelecto debe quedar satisfecho?
Cando pienso en todo esto recuerdo a María. Ella no entendía muchas cosas, mas nunca se impacientó, nunca exigió a Dios una explicación “en el momento”. Lo que no entendía lo dejaba simplemente en manos de Dios. Sabía de sus limitaciones y sabía que Dios sabe mejor que nadie lo que hace ¿Por que obsesionarse con comprender todo? Ella simplemente guardaba todo en su corazón (como lo dice Lucas en su evangelio) y esperaba con fe en Dios que las cosas se fueran revelando a su tiempo. Dios sabía cuando.
En lo personal, siempre me costó creer en este milagro pero creo. Creo en lo que Jesús ha dicho y me atrevo a renunciar a mis razonamientos para aceptar esta verdad de fe ciegamente.
Señor, enséñame a caminar en la oscuridad guiándome solamente de tu voz.
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