Con Fray José Luis

Continuando con lo que narraba en la parte anterior, al terminar de orar pasábamos al comedor. Quienes me conocen saben que soy bastante quisquilloso con la comida, sé que estoy mal y estoy dispuesto a ir corrigiendo mis hábitos alimenticios… bueno, el punto aquí es que de seguro me encontraría con que debería comer alimentos que no serían mucho de mi agrado. Era un reto que debía superar. Para mi sorpresa lo superé bastante bien, aunque mentiría si dijera que no me costó trabajo.

Cuando terminábamos de comer seguía la hora de deportes. Los frailes nos sacaban al patio y organizaban actividades físicas y dinámicas. A veces un juego de fútbol. Al terminar llegaba la hora de limpiar toda la casa. Nos sorteaban diferentes quehaceres y debíamos dedicarnos a la tarea encomendada. A mí me tocaba muy seguido lavar la loza.

Entonces comprendí por qué los conventos siempre están impecables, ya que esta tarea de limpieza general la hacíamos dos veces al día ¡Todo se limpiaba dos veces al día!

Cuando terminábamos nos pasaban a un salón grande en donde nos daban los primeros temas de formación del día.

Las pláticas de formación seguirían hasta la hora de la comida y se reanudarían después de hacer una segunda limpieza. Después seguía la misa. Era un formato de misa especial. Platicaré de esto en el siguiente episodio de mis recuerdos con los frailes capuchinos.


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