Convento capuchino

Les platicaba en la parte II Me asignaron mi cuarto y mientras yo tendía la cama un joven que allí se formaba ya como fraile me preguntó por qué quería ser religioso a lo que yo respondí: “quiero darle una esperanza al mundo” y así era como siempre lo concebí. Quería mostrarle al mundo que se podía vivir feliz renunciando a las ataduras del poder, el placer y el dinero. Por eso quería tomar los votos de pobreza, castidad y obediencia.

También le dije que tenía una gran pasión por la apologética por lo cual recibí mi primer apodo (¡y no llevaba ni una hora allí!) me dijo sin pensarlo “Dominico”. Me lo decía por que los dominicos eran famosos por ser los defensores de la fe.

Desde luego, ese apodo no me duró mucho ya que para esa misma noche ya contaba con uno nuevo: “Monterrey” puesto que yo era el único del norte y cada cosa que hacía me la festejaban diciendo “¡Arriba el norte! I ñor” No puedo negar que los apodos eran benévolos dentro de la casa de formación.

Cuando pregunté a qué hora no levantábamos me dijeron que a las 6:00 a.m. nosotros, los frailes se levantaban más temprano. Me dijeron que tocaban la campana a esa hora y debíamos levantarnos a bañar rápidamente para estar a las 6:15 en la capilla para rezar en comunidad. Yo cuestioné que la campana fuera capaz de despertarme a lo que ellos me dijeron: “No te preocupes, la vas a oír”. No bromeaban.


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One Response to “Recuerdos con mis hermanos capuchinos parte III”

  1. Recuerdos con mis hermanos capuchinos parte IV « El jardín interior Says:

    [...] les decía en el episodio anterior, me dijeron que uno se despertaba con el toque de las campanas como a eso de las 6:00 a.m. y que [...]

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