Aug
10
2009
La pereza: El demonio de mediodía
Author: Azael CruzEscuché, no recuerdo en dónde, que una de las características del mundo de hoy es que se ha perdido la noción del pecado personal y se ha cambiado por el de “pecado estructural” o sea en pocas palabras, si todos lo hacen ¿Por qué yo no? ¿Por que ha de ser malo? y bueno, este relativismo moral nos lleva a graves consecuencias a nivel personal y también a nivel social pero, como precisamente es un pecado estructural o social, difícilmente somos conscientes de la mala acción y más difícilmente nos sentiremos responsables de ésta y ese sentirnos responsables y cargar con la parte de la culpa que nos toca es el primer paso para el cambio.
Meditaba esto a la luz del libro “El silencio en llamas” (Uno de mis favoritos) del padre jesuita William Shannon (gran admirador también de Thomas Merton) y que en uno de los primeros capítulos del libro mientras habla de los obstáculos que se nos presentan para la oración, habla de la pereza, conocida también por los teólogos medievales como la “acedia”.
“Acedia” significa etimológicamente “No-cuidar” o “descuidar”, es la actitud de quien no tiene interés, del que no le importa nada, que hace (o no hace) las cosas con fastidio, con desilusión, con desgano, en pocas palabras: Sin amor. Puede ser tan grave que mata cualquier empresa que emprendamos y termina por gobernarnos silenciosamente llevándonos a vicios más y más graves. No por nada los monjes llamaban a la acedia “El demonio de mediodía” por que es el demonio que no ataca por las noches, sino en medio de la jornada invitándonos siempre a hacer las cosas sin amor.
Señor, ayúdame a mantener alerta mi espíritu para no ceder frente a tan astuto enemigo contra quien no podemos darnos el lujo de descuidarnos y nos robe la capacidad de vivir cada segundo que nos regalas con intensidad y amor.

August 11th, 2009 at 10:53
Gracias por el Dato. Repetiré con mucha fe tu oración, porque esos asaltos me suceden continuamente.
Bendiciones!
March 5th, 2010 at 15:23
Interesante dato. No por nada la pereza es un pecado capital, de los siete parece ser el mas insignificante, y ahí radica su peligrosidad.