Sep
1
2011
La espiritualidad oriental
Author: Azael CruzHace poco tuve la oportunidad de ver la película de Kung-fu panda 2.
La verdad, la cinta me pareció muy buena, sobre todo por que el panda ahora también hace movimientos de Tai chi (arte marcial que me gusta mucho y que solía practicar).
No tengo nada en contra de la cinta sólo que se convirtió en el punto de partida para una serie de reflexiones sobre la espiritualidad cristiana y la filosofía y espiritualidad de las religiones y culturas orientales.
La película citada gira en torno a que el personaje principal (Po) para enfrentar a sus adversarios debe primero encontrar la “paz interior” la cual alcanzaba realizando una serie de movimientos de Tai Chi con algo de meditación.
¿No te parece que suena muy sencillo encontrar la paz interior de esta manera? Si así fuera habría muchísimos más que practicaran Tai chi.
Se trata a la paz interior como algo de lo cual uno puede apropiarse con facilidad y casi con sólo desearlo.
Cuando yo comentaba que practicaba Tai chi no faltaba quien dijera: “¡Qué bueno! Eso trae mucha paz ¿verdad?” Yo les decía que por más tai chi que hiciera, si no había pagado mi recibo del teléfono no podía dormir.
La paz interior entonces es algo más profundo que realizar unos cuantos movimientos físicos. Está ligado en gran parte con la responsabilidad con nuestro entorno, es decir, hacer y cumplir con lo que nos corresponde.
Como cristianos sabemos además que la paz también la encontramos en declarar que creemos en Cristo y vivir congruentemente al respecto.
Pero bueno, a lo que iba; las filosofías y religiones orientales no dejan de fascinar al hombre occidental sobre todo en los últimos tiempos. ¿Por qué tan repentino interés?
La respuesta es simple: la espiritualidad oriental es sumamente individualista y además cómoda. Al parecer es muy latoso lidiar con la idea del pecado, de la comunidad, del cumplimiento de tantas normas y del compromiso.
Para el oriental la comunión con lo divino depende de los méritos y esfruerzo propios (pelagianismo) Para el cristiano la comunión con Dios (no con lo divino) no depende de mis esfuerzos ni mis méritos. Para el cristiano el mérito es de Cristo y por Él podemos dirigirnos al Padre.
Para nosotros esa comunicación no depende de nuestro esfuerzo sino de nuestra apertura, nuestra docilidad para hablar con Dios. Hablamos con Dios y no con una fuerza universal anónima.
La paz interior (sin intención de ofender al Kung-fu panda) no depende de la meditación ni de hacer ciertos movimientos que si bien me darán un bienestar físico temporal, distan mucho de poder darme la paz verdadera que vienen de mi fidelidad y comunión con quien me ha llamado a la vida y con quien me puedo comunicar más íntimamente que conmigo mismo.






Hace unos días escribí un post llamado “

