Archive for October, 2011

El peso de los días

Author: Azael Cruz

No cabe duda que en ocasiones la vida nos parece un tanto rutinaria.

Salimos a trabajar o a la escuela, regresamos a casa, salimos a los mismos lugares, platicamos con la misma gente y a veces hacemos alguna actividad repetitiva gran parte de nuestro día y después al día siguiente y al siguiente.

El riesgo de este vertiginoso ritmo de vida que en ocasiones impide incluso que nos detengamos a pensar un poco quienes somos y que hacemos, es que nuestra vida nos comience a parecer tediosa y aburrida.

Es la tan temida rutina que mata el amor en nosotros. Mata silenciosamente nuestro amor al trabajo, nuestro amor a nuestra pareja, nuestro amor al prójimo y hasta nuestro amor a Dios.

Es la mortal rutina que hace que la acedia reine en nuestro corazón y vaya mermando en nosotros la capacidad de hacer las cosas con amor y por amor.

La mejor cura para este terrible mal es aprender a transformar rutias en rituales.

¿Qué es un ritual? Ritual es sinónimo de ceremonia, formalidad, protocolo, celebración festejo.

Sus antónimos según el diccionario, son : informalidad, desfachatez, indiferencia, falta de interés, falta de entusiasmo…

Se trata pues, de ver con una nueva óptica las actividades que hacemos a diario por simples que parezcan y darles un sentido de formalidad, darles la importancia que convierta cada acto de nuestra vida en una celebración. Es aprender a gozar una y otra vez la oportunidad que tenemos de estar vivos.

Cosas tan simples como ofrecer nuestros primeros pensamientos a Dios cada mañana o dar efusivamente los buenos días a nuestra familia o a la gente del trabajo. Tan simples como el acto de amor de lavar los platos cada noche para aliviar el cansancio de otro, o bien el moemento de hacer oración en familia o disfrutar de un juego de mesa o de una buena película. Tan simple como reír una y otra vez con las mismas anécdotas familiares.

Ejemplos hay muchísimos. Se puede vencer a la rutina, la cual no es otra cosa que el cansancio provocado por hacer las cosas sin amor.

Luchar y vencer a este enemigo es posible sin necesidad de grandes esfuerzos. La clave es estar alerta a los pequeños detalles de la vida diaria para hacer de ellos un ritual, es decir, una celebración de amor.

El peligro de vivir adormecido

Author: Azael Cruz

Hace poco nos dejó un gran comediante muy querido en nuestro país: Capulina.

También nos dejó hace apenas unos días otra persona que ha influido muchísimo en la manera en cómo hacemos nuestras tareas diarias, gracias a su creatividad y visión: Steve Jobs.

Ambas muertes me hicieron reflexionar sobre su trayectoria y lo que sembraron y cosecharon en su camino.

Sin embargo, ninguna de estas muertes me he hecho pensar y reflexionar sobre mi propia partida de este mundo como lo he meditado el día de hoy.

Falleció una persona que aunque no era familiar directo, lo sentía parte de mi familia.

No hizo grandes inventos ni fue una celebridad, pero al asistir a su velación y caer en la cuenta de que se trata de alguien a quien conocí, con quien conviví y platiqué muchas veces, también caí en la cuenta (como cada vez que voy a un velorio) de lo efímera que es mi estancia en este mundo.

Lo más sano que le puede pasar a nuestra alma es que reflexionemos sobre la muerte, pues nos recuerda que tal vez no estamos viviendo nuestra vida con la intensidad que debemos. Nos recuerda que hemos perdido mucho tiempo y que sin importar que tan trascendentes y célebres seamos para todo el mundo, siempre seremos más importantes para nuestros seres queridos.

Cuando una persona cercana fallece nos despierta a la realidad. Nos recuerda que debemos estar alerta; que no debemos dormirnos en nuestros laureles.

Ayúdame Señor, no quiero vivir adormecido.
No quiero vivir como si no fuera a morir, ni morir como si nunca hubiera vivido.