Archive for September, 2011

No hay mucho que explicar

Author: Azael Cruz

Hablando de santidad, he escuchado muchos santos hablar al respecto muy atinadamente; como a San José María Escribá, La Madre Teresa de Calcuta, Santa Teresita de Lisieux, etc. Pero nunca había leído las palabras del Cardenal Newman que encontré en el libro “¿Podemos ser santos? de Frank Duff, fundador de la Legión de María.

En este libro El Cardenal Newman comenta:

“Si me pregunta que debe hacer para ser perfecto, yo le digo, primero no permanezca en la cama más del tiempo debido; dé sus primeros pensamientos a Dios; haga una visita al Santísimo Sacramento; diga el Ángelus devotamente; coma y beba para la gloria de Dios; rece bien el Santo Rosario; recójase; aleje los malos pensamientos; haga bien su meditación; examínese diariamente; acuéstese a tiempo, y será perfecto.”

Debe entenderse el término “perfecto” como sinónimo de “santo”.

Lo que dice el Cardenal Newman es muy aterrizado y cierto. Me queda claro qué hacer para vivir con santidad, pero en este mundo tan vertiginoso ¡Qué difícil se me antoja esta empresa! Desistiría si no fuera mandato expreso de Jesús que buscáramos la santidad:

Mateo 5:48
Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Respecto a la santidad pues, no hay mucho que explicar… ¡Hay mucho que hacer!

Super 8

Author: Azael Cruz

Yo creí que los viajes en el tiempo no serían posibles hasta dentro de algunos años pero me llevé una gran sorpresa al verme viajar en el tiempo cuando me encontré con la cinta “Super 8″.

Yo no conocía mucho sobre la película por lo que no esperaba nada en concreto y fue muy grato que me hiciera sentir realmente como si estuviera a principios de los años 80′s cuando yo aún era un niño.

Es tan perfecta la ambientación que parecía que estaba frente a una película que “olvidé ver” en mi infancia y que la veía hasta ahora. Podría estar al lado de cintas como los “Goonies” o “E.T.”

La cinta en sí por su trama no es nada del otro mundo, lo que la hace tan mágica es esa contextualización retro que seguramente ha capturado a muchos de mi generación y que nos hizo sentir por un instante que de nuevo éramos niños jugando a ser aventureros o héroes locales en nuestra imaginación.

La noche del demonio

Author: Azael Cruz

Siguiendo con las películas que he visto ultimamente, le toca el turno a la película “La noche del demonio”.

No tengo en realidad demasiado que decir de esta cinta. Prometía mucho y mis expectativas se quedaron a medias.

Me habían comentado que era una cinta realmente terrorífica y que a más de uno de los más fervientes seguidores del género de terror les había quitado el sueño.

La cinta inicia muy bien en verdad y hay momentos que en verdad sí me perecieron terroríficos pero cuando la cinta llega a la mitad todo se cae y se torna caricaturezco y carente de originalidad y esa fue la última impresión que me quedó de la película.

Una vez más, el tema de los fantasmas y demonios deja de tratarse desde el punto de vista “religioso – espiritual” para tratarse desde un punto de vista “new age – pseudo científico” y el resultado es desastrozo dejándonos un desenlace muy al estilo del Hollywood de los últimos tiempos en donde el mal no puede ser eliminado y en donde al parecer estamos todos a merced de los poderes de las tinieblas sin ninguna ayuda divina, abandonados de Dios.

La espiritualidad oriental

Author: Azael Cruz

Hace poco tuve la oportunidad de ver la película de Kung-fu panda 2.

La verdad, la cinta me pareció muy buena, sobre todo por que el panda ahora también hace movimientos de Tai chi (arte marcial que me gusta mucho y que solía practicar).

No tengo nada en contra de la cinta sólo que se convirtió en el punto de partida para una serie de reflexiones sobre la espiritualidad cristiana y la filosofía y espiritualidad de las religiones y culturas orientales.

La película citada gira en torno a que el personaje principal (Po) para enfrentar a sus adversarios debe primero encontrar la “paz interior” la cual alcanzaba realizando una serie de movimientos de Tai Chi con algo de meditación.

¿No te parece que suena muy sencillo encontrar la paz interior de esta manera? Si así fuera habría muchísimos más que practicaran Tai chi.

Se trata a la paz interior como algo de lo cual uno puede apropiarse con facilidad y casi con sólo desearlo.

Cuando yo comentaba que practicaba Tai chi no faltaba quien dijera: “¡Qué bueno! Eso trae mucha paz ¿verdad?” Yo les decía que por más tai chi que hiciera, si no había pagado mi recibo del teléfono no podía dormir.

La paz interior entonces es algo más profundo que realizar unos cuantos movimientos físicos. Está ligado en gran parte con la responsabilidad con nuestro entorno, es decir, hacer y cumplir con lo que nos corresponde.

Como cristianos sabemos además que la paz también la encontramos en declarar que creemos en Cristo y vivir congruentemente al respecto.

Pero bueno, a lo que iba; las filosofías y religiones orientales no dejan de fascinar al hombre occidental sobre todo en los últimos tiempos. ¿Por qué tan repentino interés?

La respuesta es simple: la espiritualidad oriental es sumamente individualista y además cómoda. Al parecer es muy latoso lidiar con la idea del pecado, de la comunidad, del cumplimiento de tantas normas y del compromiso.

Para el oriental la comunión con lo divino depende de los méritos y esfruerzo propios (pelagianismo) Para el cristiano la comunión con Dios (no con lo divino) no depende de mis esfuerzos ni mis méritos. Para el cristiano el mérito es de Cristo y por Él podemos dirigirnos al Padre.

Para nosotros esa comunicación no depende de nuestro esfuerzo sino de nuestra apertura, nuestra docilidad para hablar con Dios. Hablamos con Dios y no con una fuerza universal anónima.

La paz interior (sin intención de ofender al Kung-fu panda) no depende de la meditación ni de hacer ciertos movimientos que si bien me darán un bienestar físico temporal, distan mucho de poder darme la paz verdadera que vienen de mi fidelidad y comunión con quien me ha llamado a la vida y con quien me puedo comunicar más íntimamente que conmigo mismo.