Feb
25
2011
Importancia de la sal
Author: Azael CruzTodos los sábados cuando era niño tenía una cita obligatoria con Cachirulo a las 9:00 a.m.

Enrique Alonso (Cachirulo) tenía un carisma especial de relatar cuentos infantiles. Por ello mi hermana y yo no nos perdíamos ni un capítulo mientras disfrutábamos del clásico hotcake que nos preparaba mamá cada sábado.
Uno de tantos cuentos que escuchamos en aquellas gloriosas mañanas fue uno que relataba la historia de tres hermanas hijas de un poderoso rey a las cuales cierto día su padre les cuestionó cuánto le amaban.
La mayor comparó su amor con joyas preciosas y bienes de todo tipo, cosa que agradó a su padre. La segunda comparó su amor con los majestuosos océanos y lo infinito del cielo. Su papá también estaba más que complacido con dicha respuesta.
La más chica de las tres le dijo a su papá: “Yo te quiero más que a la sal”. A dicha respuesta el desconcierto del rey fue notorio y acto seguido el desconcierto se convirtió en indignación. ¿La sal? ¿Qué clase de comparación era esa? ¡La sal es insignificante! ¡La sal carece de gran valor comercial! ¡A la sal se la lleva el viento con facilidad! ¿Cómo se le ocurre decir semejante cosa?
El rey encolerizado con su hija más pequeña le ordenó que dejara el castillo y que desapareciera para siempre de su vida.
No comprendiendo y embargada de tristeza, la princesa dejó el castillo, su riqueza y muy a su pesar, también renunció a su linaje para vivir prácticamente como indigente.
Las hermanas de la pequeña princesa también sintieron tristeza e indignación pero por la reacción de su padre, por lo cual decidieron darle una lección y ordenaron que toda comida que se le sirviera al monarca fuera sin sal.
El rey aún con el corazón endurecido, se puso furioso con los cocineros reales pues nunca había probado comida tan insípida como la que le acababan de servir.
Esta escena se repitió en varias ocasiones hasta que por fin el rey cayó en la cuenta de que había cometido un grave error exiliando a su hija.
Sin la sal los alimentos carecían de sabor y comer dejaba de ser un placer. Todo se volvía aburrido e insípido.
Comprendió las palabras de su hija menor cuando ésta le decía que lo amaba más que a la sal. Sin sal la vida carece de sabor y es aburrida.
Buscó a su hija, se disculpó y le devolvió su dignidad de hija.
Recordé este cuento por que el pasado miércoles tuve la maravillosa oportunidad de ver el programa “Abre una ventana” con Paola Rimada el cual se transmite por el canal Maria Visión.
Paola habló en esta ocasión sobre el hecho de ser sal de la tierra como lo pide el Señor.
La sal nos habla no sólo de darle sabor a las cosas sino, como mencionó Paola, de resaltar el sabor de las cosas; realzar su verdadero sabor. Esa es nuestra misión, ser sal. Ser sal es regresarle a la vida su verdadero sabor. Es desbordarse de amor e irradiar el gozo de saberse amado a todos los que nos rodean.
Hay que dar vida a la vida insípida de muchos y la mejor manera es dándole sabor a nuestra propia vida.
– Bendiciones



