Archive for October, 2010

El amigo inoportuno

Author: Azael Cruz

No basta creer en Dios sino que hay que creerle a Dios.

Mientras más leo los evangelios  más me maravillo de la simpleza y claridad de las enseñanzas de Jesús. Todo lo enseña de modo que lo que es inaccesible a nuestro entendimiento de pronto lo hace accesible y humanamente posible de vivir.

A nosotros nos encanta complicarnos la existencia y buscamos y rebuscamos en cuestiones que ya nuestro Señor nos mostró bastante sencillas.

Pienso en aquellas personas que frente a una necesidad recurren a Dios casi exigiéndole las cosas como ellos quieren y si la respuesta no es inmediata comienzan a quejarse y a reclamarle o caen en desesperación si no es que en los peores casos buscan al primer brujo que se les cruza enfrente.

Ya decía San Pablo que el ejemplo arrastra y en ocasiones caemos en tal desesperación que el ejemplo que damos al mundo es de que no le creemos a Dios cuando nos dice que pidamos con fe y si es para nuestro bien se nos dará.

En Lucas 11, 5 Jesús nos cuenta el ejemplo del amigo inoportuno y el mensaje de este ejemplo no es otro que el de la perseverancia en la oración.

¿Puede ser Jesús más claro que esto?  “Pidan y se les dará, llamen y se les abrirá”

Señor, quiero creerte y dar siempre ejemplo de fe en ti manteniéndome sereno, sabiendo que mi oración es escuchada.

Un día especial

Author: Azael Cruz

Hoy primero de octubre la Iglesia celebra a una amiga muy especial: Santa Teresita del niño Jesús o también conocida como Santa Teresita de Lisieux.

La considero una gran amiga por que ya tenemos una historia juntos. Gracias a sus escritos es que pude iniciarme en la literatura de los místicos y conocer más la vida monástica.

Ella también tiene un gran amigo llamado Federico Carranza quien canta en el Ministerio de Música de la comunidad Jésed y que tengo el gran honor de conocer personalmente.

Teresita inspiró a Federico a escribir una serie de cantos muy hermosos que uno puede disfrutar en su producción “Corazón de arpa” y fue éste el primer paso para conocerle mejor pues estos cantos me movieron a buscar los escritos de Teresita e indagar sobre su vida y obra.

Hoy tengo muchos rasgos en mi manera de relacionarme con Dios que he aprendido de esta gran amiga además, Teresita también me presentó a sus dos mejores amigos: Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz. De todos ellos he aprendido mucho y me queda aún más por aprender.

El mayor legado que me ha dejado Teresita es su manera de ver la vida, su modo de relacionarse con Dios en lo cotidiano y a descubrir la faz de Cristo en todas las cosas. Teresita me enseñó a contemplar las cosas más simples como una majestuosa manifestación del amor de Dios.

No había entendido lo que significaba “hacerse como niños” para entrar al Reino de Dios, hasta que experimenté su maravillosa autobiografía “Historia de un alma”.

Lo mejor de todo: dice Teresita que cuando un niño no puede subir por una escalera por más esfuerzos que hace lo único que le queda hacer es levantar los brazos hacia su Padre.  Un Padre no puede resistirse a un hijo que le extiende sus manitas. No puede evitar levantarlo en sus brazos y ayudarle a subir. Así debe ser nuestra confianza en la dependencia que tenemos del buen Dios.

¡Felicidades Teresita! Y mil, mil gracias por no dejar que la lluvia de rosas cese sobre nosotros.

No quiero ver tus ojos

Author: Azael Cruz

A veces soy el colmo de la hipocresía…

Cada día despierto con la firme intención (según yo)

de vivir santamente la jornada y pido a Dios me permita verle y amarle en todo (siempre y cuando no se interponga en mis planes desde luego).

Salgo manejando mi modesta camioneta rumbo a mi trabajo mientras escucho en mi iPod música de Jesed, la Hermana Glenda, John Michael Talbot y otros artistas católicos. De pronto se aparece el Señor (Al que tanto quiero ver) en mi camino.

Aparece en la forma de una persona de un niño que vende chicles… yo difícilmente lo veo y si ando de “caritativo” le compro una caja que me cuesta a lo mucho cinco pesos los cuales entrego con sumo cuidado de no tocar siquiera sus manos. El Señor en la forma de aquel niño vendedor de chicles me agradece efusivamente incluso con bendiciones mi “buena y loable obra” y yo no fui capaz de verle a los ojos.

Como no me percaté de su mirada amorosa sale de nuevo a mi encuentro, esta vez en forma de una persona mayor que pese a su notoria dificultad para desplazarse de un lugar a otro llega hasta mi ventana ofreciéndome alguna fruta o cacahuates garapiñados. Me niego indiferente pero agradecido por la molestia de ofrecerme sus productos. Pero no miré sus ojos.

Regreso cansado a casa a veces, sin ganas de hablar. Dios sí quiere hablar conmigo a pesar de mi mal humor y cansancio y aparece en la forma de un joven sucio que de manera repentina arroja un trapo sobre el parabrisas de mi camioneta sin darme tiempo de impedir su premeditada maniobra. Haciendo un ademán que se aproxima a ser grosero le digo que no haga eso, o cuestionando de mala gana el por qué de su acción si yo… no tengo feria.

Rascando en algún hueco de los asientos de mi camioneta encuentro un par de monedas de baja denominación y a regañadientes se las entrego con tal de que me deje en paz. El joven se retira. Yo no fui capaz de verle a los ojos.

¿Acaso el mirar a los ojos es señal de un compromiso? ¿Qué no deseaba ver a mi Señor en todos y en todo? ¿Por qué entonces temo a su mirada? ¿Es acaso que desnuda mi interior falso y putrefacto? ¿Temo reflejarme en su mirada y ver cómo soy realmente y descubrir que no soy la estúpida caricatura de virtud que yo he terminado por creerme?

No quiero acostumbrarme a la hipocresía. Enséñame Señor a ser auténtico y transparente como lo fuiste tú aquí en la tierra y así tener el valor suficiente para ver tus ojos.