Sep
8
2012
Sep
8
2012
Sep
8
2012
Sep
8
2012
Jul
25
2012
La noche cae y me siento un poco cansado. No es lo que hago lo que tanto me fatiga sino lo que no hago.
Siento que no descanso en tu voluntad, en mi libertad.
Médico de cuerpos y almas, mi esperanza reposa en ti. Anestésiame esta noche para que intervengas quirúrgicamente mi corazón y despertar mañana con un corazón de carne y no de piedra.
Jul
25
2012
Curiosamente los momentos en que Dios a veces hace que piense en Él y comience un diálogo, no son precisamente en los lugares más “indicados” para ello. Es decir, no es en la Iglesia o durante un retiro, ni durante un momento de lectura espiritual.
A veces a modo de un súbito arrebato busca un diálogo conmigo estando yo con mis amigos, cuando estoy viendo una película o haciendo alguna tarea del hogar. A veces en una cena en familia o mientras escucho música no precisamente cristiana.
Mi mente da un vuelco y en esas situaciones tan cotidianas, triviales y hasta superfluas (como lavar los trastes) Dios se hace presente sin haberme preparado para ello.
De pronto asalta mis pensamientos para cuestionar lo que estoy haciendo o para preguntarme cualquier cosa que me haga reflexionar en un momento no siempre reflexivo.
Agradezco estos momentos (a veces inoportunos aparentemente) pues me recuerdan que no estoy sólo y que mi Dios está siempre al pendiente de mi, y le preocupa tanto lo que hago en mi trabajo como los calcetines que elijo cada mañana.
Jul
23
2012
Mucho tiempo sin escribir. Y apenas esto me sucede ya sea por exceso de trabajo o por mala administración de mi tiempo y me doy cuenta que si no escribo me siento un tanto perdido.
Mis letras se presentan ante mí como un espejo, como un reflejo de mi alma que me ayuda a hacer un auto análisis más “tangible” que cuando solamente lo pienso.
Es como si encendiera una luz interna cada vez que vuelvo a escribir.
Es como darle validez a mi día. Como despertar de un estado de letargo e inconsciencia.
Es poner a mi cerebro a cantar y mis manos a escuchar.
He escrito mucho y en ocasiones eso me salva del olvido de mi mismo, de la pérdida de mi esencia.
Si no hubiera escrito muchas cosas, gran parte de mi vida ya hubiera desaparecido en el olvido para siempre.
Una parte de mí estaría muerta si no la hubiera inmortalizado en las letras.
¿Qué sería yo si no escribiera? Nada. Tan sólo un sueño que nunca despertó.
¿Escribir o no escribir? Esta pregunta ubicua me golpea constantemente y apela a mi propia existencia. Es la diferencia entre ser efímero o perenne.
Apr
1
2012
¡Qué gran batalla estoy librando! Justo ahora con tanto por decir… Tanto por comentar… Tanto por compartir… y yo bajo el yugo del demonio de la acedia… Bueno, la única manera de vencerlo es precisamente escribiendo.
Estamos ya iniciando la semana mayor. Muchas cosas me propuse a cambiar pero Dios tenía su propio plan. Una de las cosas que más me han dolido espiritualmente es que desde hace tiempo no estoy activo en ningún grupo apostólico. Al inicio de cuaresma el Señor me regaló un grupo de amigos de oración quienes me han permitido meditar e ir mejorando en mi vida espiritual y de algún modo hacerme sentir como en un grupo apostólico dedicado a la oración.
Esto sucedió gracias a que me encontré con una aplicación para iOS llamada “Ignio” y es, sin duda alguna, la mejor aplicación católica que he encontrado. Aunque hay otras muy buenas.
Mis nuevos hermanos de oración me motivan a leer la escritura, a orar, a meditar la Palabra y de paso también oran por mí.
La interfaz es muy bella ya que debes mantener encendida con tu oración y meditación diaria un cirio cuya flama se hace más viva o se apaga según sea tu perseverancia.
Mi esposa también entró al grupo en donde puedes tener hasta 12 hermanos de oración.
Además de eso también te permite llevar un registro de cómo andas en tu vida de piedad con todo y una gráfica para que puedas autoevaluar tus avances.
Hay otra aplicación que también me ha ayudado muchísimo y aunque la he utilizado un poco menos también me ha traido muchas bendiciones. Se llama “U rosary”.
Como su nombre lo indica es otra aplicación para rezar el Santo Rosario. He probado muchísimas aplicaciones para rezar el Rosario pero ninguna como ésta. Con U Rosary me siento como si fuera miembro activo nuevamente de la Legión de María.
Además de contar con una maravillosa interfaz te permite pedir oración y orar por otros católicos que tengan esta aplicación alrededor del mundo y mantener comunicación con ellos.
Como ven, Dios se valió de una herramienta que uso demasiado (¡y que me encanta usar!) es decir, mi iPad, para traerme muchas bendiciones en esta cuaresma.
El mundo y su tecnología cambian, pero el amor de Dios y sus bendiciones permanecen.
Feb
6
2012
Hace apenas unos días que mi abuelita se fue de este mundo a la casa paterna. Fue algo muy difícil de asimilar pues pareciera que todos creíamos que mis abuelitos eran eternos pero no.
Sus últimos meses fueron muy complicados. Todo comenzó con una fuerte caída que solamente dejó de manifiesto que sus piernas ya no respondían como solían hacerlo. Luego todo se fue complicando más y más.

De pronto su ánimo decayó, no quería comer, ni moverse, ni hablar.
Esto la llevó al hospital en donde no cooperaba para nada para su mejora.
Gracias al amor prodigado por todos sus hijos fue respondiendo poco a poco hasta que la dieron de alta y regresó a casa.
De pronto todo fue cambiando y ella volvió a ser ella. Volvió a bromear, a reír, a platicar y a rezar.
Tuvo entonces una recaída y con profunda aceptación ingresó de nuevo al hospital. En cuestión de unos días expiró en profunda paz.
Mi tía que tuvo oportunidad de cuidarla un día antes de morir dijo que había pasado toda la noche despierta rezando el Santo Rosario una y otra vez. Durante su último día sucedió lo mismo. Con profunda paz (no nerviosa como solía estar) estuvo rezando todo el día.
Mi tío que le tocó cuidarla en sus últimos momentos también mencionó que rezaba sin parar el Rosario.
El rezo del Santo Rosario se interrumpió solamente cuando momentos antes de morir mi abuelita hizo una pausa para preguntarle a mi tío: ¿Quién es esa mujer tan hermosa? y después, expiró.
Creo que la última prueba que mi abuelita tuvo que pasar era aceptar su condición y abandonarse a la voluntad divina. Lo logró y de seguro ganó su corona bien merecida.
El funeral fue toda una experiencia. La gente era tanta que se llenaron dos salas de las capillas. Jamás vi tantas flores. Eran cerca de 20 coronas sin contar ramos y otros arreglos. Era impresionante.
La misa de réquiem también fue una experiencia muy especial. La calidez de toda la familia y amigos fue palpable.
Algo que siempre critiqué de mi abuelita era que cuando rezábamos el Rosario en navidad al final nos ponía a besar la imagen del Niño Dios. Lo malo era que tenía cerca de 5 y a TODOS nos lo ofrecía para besarlos. ¿Qué caso tenía besar a 5 imágenes del Niño Dios? Con una imagen bastaba. Sin embargo mi abuelita lo hacía por exceso de devoción. Imagino que al encontrarse con Jesús éste la llenó de besos, muchos besos, correspondiendo al gran amor que ella le mostró en este mundo.
Jan
19
2012
Con todo esto de la ley SOPA que restringirá en caso de ser aprobada, el manejo de información en internet, me he puesto a pensar en el mundo antes del internet.
Sé que para los jóvenes esto será muy difícil de imaginar pues ya cuando eran niños el mundo se estaba configurando al modo que es hoy, es decir, “on line”. Pero para quienes somos de la famosa “Generación X” no es tan difícil recordarlo. Lo difícil es pensar cómo vivíamos sin muchas de las herramientas que hoy consideramos casi vitales.
Les puedo contar a las generaciones más jóvenes que un mundo sin internet no es tan malo. Muchas cosas se disfrutaban de manera más auténtica o al menos así nos parecía a los de mis tiempos tal vez, por no tener todas las opciones que los jóvenes de hoy tienen.
Entiendo perfectamente la preocupación de los jóvenes pues eso implicaría un cambio radical de su mundo y del modo en como interactúan con él.
Sobre mi opinión de la ley SOPA diré que cualquier acto virtuoso que se hace obligado no es más que una inmoralidad disfrazada.
Oct
9
2011
No cabe duda que en ocasiones la vida nos parece un tanto rutinaria.
Salimos a trabajar o a la escuela, regresamos a casa, salimos a los mismos lugares, platicamos con la misma gente y a veces hacemos alguna actividad repetitiva gran parte de nuestro día y después al día siguiente y al siguiente.
El riesgo de este vertiginoso ritmo de vida que en ocasiones impide incluso que nos detengamos a pensar un poco quienes somos y que hacemos, es que nuestra vida nos comience a parecer tediosa y aburrida.
Es la tan temida rutina que mata el amor en nosotros. Mata silenciosamente nuestro amor al trabajo, nuestro amor a nuestra pareja, nuestro amor al prójimo y hasta nuestro amor a Dios.
Es la mortal rutina que hace que la acedia reine en nuestro corazón y vaya mermando en nosotros la capacidad de hacer las cosas con amor y por amor.
La mejor cura para este terrible mal es aprender a transformar rutias en rituales.
¿Qué es un ritual? Ritual es sinónimo de ceremonia, formalidad, protocolo, celebración festejo.
Sus antónimos según el diccionario, son : informalidad, desfachatez, indiferencia, falta de interés, falta de entusiasmo…
Se trata pues, de ver con una nueva óptica las actividades que hacemos a diario por simples que parezcan y darles un sentido de formalidad, darles la importancia que convierta cada acto de nuestra vida en una celebración. Es aprender a gozar una y otra vez la oportunidad que tenemos de estar vivos.
Cosas tan simples como ofrecer nuestros primeros pensamientos a Dios cada mañana o dar efusivamente los buenos días a nuestra familia o a la gente del trabajo. Tan simples como el acto de amor de lavar los platos cada noche para aliviar el cansancio de otro, o bien el moemento de hacer oración en familia o disfrutar de un juego de mesa o de una buena película. Tan simple como reír una y otra vez con las mismas anécdotas familiares.
Ejemplos hay muchísimos. Se puede vencer a la rutina, la cual no es otra cosa que el cansancio provocado por hacer las cosas sin amor.
Luchar y vencer a este enemigo es posible sin necesidad de grandes esfuerzos. La clave es estar alerta a los pequeños detalles de la vida diaria para hacer de ellos un ritual, es decir, una celebración de amor.